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Ataques de lucidez

Manhattan 2005

 

 

La luz no le era la misma, en la sombra oscilaba otra sombra, delgada larga y moviéndose velozmente. Se sentía acechado y volteaba para todos los lados pensando que la multitud lo espiaba. El hombre comenzó a sudar y se levanto, aun no venia el tren pero reacciono como si viniese luego se volvió hacia la pared y se recostó. Los músculos de la cara se le movían y aunque aflojaba las manos las cerraba de nuevo con actitud defensiva.

 

Ya no sabia que hacer, el ambiente estaba frió, el lugar oscuro, casi todos vestían de negro y pensó que se trataba de un sitio macabro, fue cuando soltó un 'NO' y una mujer en la estación del frente le clavo los ojos, entonces crujieron los rieles, el tren venia, paso deteniéndose poco a poco. Entre vagón y vagón el observo a la mujer creyendo que esta lo sentenciaba, mareándose, inclinándose, y sin querer casi le caía encima a un hombre. El pensó que antes la había visto pero ella ya no le miro mas y abordo el tren sin darle tiempo para que el le preguntase.

 

Cuando se dio cuenta se había quedado con un esfuerzo malhumorado, sin mas otra cosa en que pensar y en que decir solo una corta palabra 'Uju' -Un gruño- y pensó que estaba nervioso, mal. No hallaba como romper con su estado hasta que una vaga sonrisa le suavizo esa forma, reflexionando sobre el asunto. Como podía cambiar tanto.

 

Ya estaba bien y cuando se lleno la estación de nuevo pudo hablar con una mujer joven que se paro a su lado. Su explicación fue corta y concisa. Siempre pareció sincero al hablarle de su confusión. La mujer se puso un poco extrañada pero finalizo identificándose con sus palabras porque a ella de vez en cuando le pasaba lo mismo que a el. Y se retiro un poco pero al rato fue a preguntarle si estaba contento después del desahogo, invadiéndole una duda sobre su vida. Quien era? que hacia ahí hablando con un extraño? pero al final obvio todo.

 

-¿Estas contento?

 

-Si- Le dijo el - Con mirada solitaria y pensó en todo el tiempo en que había estado sin compañera. Todo era tan rápido pero sin embargo no podía parar de pensar y tomar determinaciones.

 

 

Ella lo observo de arriba abajo como si regresase de un infinito y se puso a pensar diciéndole que se llamaba Lisa, por primera vez  veía la vida desde otro punto de vista, se dio cuenta que el le fue sincero,  y que ella todo ese ultimo tiempo lo que había hecho era estudiar y trabajar y le dio las gracias con entusiasmo, el se las devolvió con pensamientos vagos, con un cansancio suicida y sin nada mas en que creer.

 

Cuando paso el tiempo pleno mas el frió, entrando inesperadamente por las rejillas que en el techo se asomaban la calle y ella se le acerco mas. Lentamente las ganas iban dibujándose. Ella dejaba también que pasaran otros trenes, a ratos se iba y volvía volteando cuando el la veía. Cuando  el empezó a vigilarla olvido su ritmo y pareció sereno.

 

-¿Tu de donde eres?

 

-Europa oriental- ella le respondió suave, con nostalgia.

 

-¿Y que haces aquí?-

 

-Imito cantos de guijarros, de cristo fue, para los niños- y rompió.

 

-Mejor salimos de aquí. No?- Se sentía acorralada, le era asfixiante soportar un segundo mas.

 

El quería abordar el tren, pero después de sus palabras la imito. Estaba metido en una misteriosa situación y ella por alguna razón muy personal no podía despegarse. Entonces el intervino tomándole la mano para sacarla fuera. Y caminaron rápido subiendo por la escaleras, ella sonreía moviendo su cadera flaca como una campana, era muy bonita y el estaba al tanto.

 

Después de varias cuadras llegaron a su habitación, ambos pensaron en que harían y como lo harían,  cuando entraron el puso música, ella tarareo la melodía. El no quería que ella lo apresurara, ella no quería que el careciera de ternura, en sus mentes coincidían pero la realidad era otra cosa.

 

-¿Quieres algo de tomar?- le pregunto el abriendo la nevera. Ella entre el jugo y la cerveza prefirió el jugo, el la acompaño en su preferencia preguntándose cual había sido el secreto de que lo acompañase.

 

No hablaron nada por mas de media hora. Pensaban en sus cosas, solo se acompañaban.  A el le bastaba con voltear y saber que ella estaba.

 

De repente ella gimió y el se dio cuenta de que estaba llorando pero no quiso intervenir. Quería llegar a ella a través de una acción y comenzó a dibujarla. Primero los perfiles de su nariz larga, los pómulos. Era como si la acariciara porque cada vez que ponía un color ella se estremecía.

 

-Te colgare allí-su rostro se convertiría en un cuadro, y el sitio exacto para colocarla era en la pared que estaba al frente de su cama. Ella sintió un dulce escalofrío y trono los dedos de sus manos con vergüenza.

 

-¿Crees que soy bonita?

 

-Si-

 

Después de escucharlo se sonrojo un poco y le pregunto algo que la intrigaba.

 

-¿Vives solo?-

 

El le afirmo con su cabeza y luego le hizo una aclaración.

 

-Debo decirte que jamas he pensado en la posibilidad de romance.

 

-¿Que es un romance?-ella le pregunto-, Acaso tu lo sabes?

 

-Personas embelesadas en estado de éxtasis contemplativos, no hace falta insistir en este tipo de cosas. El que si quería no supo por que dijo aquello pero lo dijo. Inconscientemente el se apartaba de ella, de nuevo a la penumbra y a la desolación.

 

-Te gusta caer -ella lo apoyo- me gusta caer, huele a humedad casi siempre, también vivo al ataque, busco alientos, climas que convierto en holocaustos.

 

-Rara vez consigo alguien como tu- El sorprendido le replico.

 

-Los hombres se asustan- ella acepto- también tendrías razón si me declaras retardada-

 

-¿Acaso eres atea?

 

-Solo sigo dando vueltas.

 

-¿Cuanto tiempo considerándolo?-

 

Media hora cada día. Quizá.

 

Ella empezó a hacer sus silbidos de guijarros, luego hizo un gesto impreciso que podría interpretarse como una desconexión. El no comprendió y volteo hacia un estante. Una pastilla muy pequeña le alumbro y sin pensarlo la tenia en sus dedos, dando un recorrido en forma giratoria, hasta que la subió la puso en su boca y trago. Cuando cayó en su estomago se quedo inerte, esperando 20 minutos, mientras mas minutos mas perdía el temor y llego a la conclusión de que era atractivo. Los monstruos con que sonaba ya no le importaron. Sintió la misma prepotencia de cuando fue afortunado y decidió enumerarle todo sus logros.

 

-Sabes tuve los mejores promedios en la universidad y me gradué con honores, dinero y automóviles del ano. Pero ella había notado que el había tomado algo y le rogó que la invitara sin detenerse a interpretar sus puntos. Pero el insistió.

 

-Por favor ponte a pensar en mis intimidades y no seas tan desentendida-

 

-¿Por eso tiemblas?-

 

-Por eso espero-

 

-Esperas claro. ¿Pero esperas que?

 

-Que digas algo-y se desinflo- Perdona que ahora no sea el mismo pero te haré una pregunta.

 

-La que quieras-

 

-¿Notas algún cambio ?-

 

-Lógicamente. Ya no eres el mismo. Yo sigo siendo Lisa,  ya te lo había dicho y seguiré siéndolo. Un tanto distraída si pero la silbante, la que entretiene a los niños. Me marche de casa muy temprano, cuando mi madre murió. Este es mi cuarto país, mi segundo enfrentamiento conmigo misma. Dime realmente quien eres y ahorrémonos los problemas.

 

-Como saber quien quieres que sea-

 

-Necesitaríamos mas tiempo y no estoy dispuesta.

 

-Entonces por que no ir a divertirnos-el la aventajo-

 

-¿Divertirnos?-

 

-Si, divertirnos-

 

 

Cuando salieron comenzaron a captar señales mirándose. Las calles estaban congestionadas y ellos se colaban por los espacios hasta llegar a un bar. Y se sentaron. El bar estaba solo, era oscuro, lleno de velas y candelabros., La música que sonaba les atrajo. Primero un saxo, luego un piano y al final una guitarra estridente y distorsionada.

 

Cuando el bebió sus pupilas se encandecieron y comenzó a hablar con otro vocabulario. Describía a un mundo en que todos iban a vivir felices, un mundo sin violencia, comenzó a ver su hermosura, a sentir sus manos, se torno muy afable, desprendido. Cordial, cuando ella iba al baño la llevaba y la esperaba. Le ponía la silla, le daba bocadillos en la boca. Lisa no se resistió y lo beso, primero suave, luego fuerte y profundo. El lugar comenzó a llenarse de gente y ellos continuaron atestándose de alcohol hasta que Lisa perdió el equilibrio. Su cabeza se convirtió en una disputa pues sabia que el insistiría en llevarla hasta la cama, luego reflexiono y anoto en una servilleta una dirección para que el fuera y buscara algo. Durante la ultima parte de su vida Lisa conservaba aquello como una tradición para reanimarse. Para comenzar a bailar y combatir el sueno. El compartió su preferencia y fue rápidamente. Cuando el regreso inhalaron y ella fue otra. Le urgieron las malas intenciones metiéndole las manos en los bolsillos del pantalón con un brutal erotismo y salieron del sitio corriendo para no pagar, burlándose, hasta un poco violentos con los transeúntes.

 

-Que bueno que no seas tan discreta!-el le dijo de repente.

 

Ella se sonrió, estaba rompiendo de a poco los muros de su contención entre una y otra inhalada. Cuando regresaron al cuarto el la desvistió y ella antes de dejarse tocar camino a su alrededor. Rodeándolo de seducción. Como si modelase.

 

-Si tu me hubieras conocido antes-le dijo en una replica en que se detuvo-con mis vestidos cortitos, con mis senos protuberantes. Tan hermosa. El se impulso con el comentario. Ella sabia que era una diestra insinuación en las perversiones.

 

-Creo que hoy soy mas afortunado-mirándola con sorpresa le dijo

 

 

Así transcurrió mas de la noche. Entre tragos, inhalando. Admitiendo sus errores, con una carcajada incrustada en el abdomen, repasando todas las historias de sus vidas, argumentando sobre sus errores pero se acabo la sustancia, el licor. El había estado mas de tres horas empujándose adentro de ella. Ella tratándose de escapar para ir a la linea blanca que estaba sobre la mesa. Retorciéndose. Las horas los apabullo. Ahora el pensaba en como decirle que ya se fuera, ella en pedirle amor. El se lamentaba una y otra vez de tener ese sentimiento y la veía de arriba abajo preguntándose porque no ella.  No hubo mas que hacer, sus estilos no eran los estilos de la calle, se había equivocado de lugar, de música, de vestimenta por las compulsiones de siempre.

 

 Sofia comenzó a moverse inquietamente, una pierna luego la otra. El trato de detenerla con un manotón pero ella lo detuvo interponiéndosele con todo el cuerpo. En la pelea el lucho por inmovilizarla pero ella le quitaba sus fuerzas clavándole las unas en la espalda. El se levanto de momento y ella se quedo aferrada a el, sin el apoyo del piso,  entonces decidió impulsarse para empujarla un poco contra la pared, ella perdió el aire y cayó tratando de arrastrase hasta la calle pero la puerta estaba cerrada.

 

-¿Estas bien?-el le pregunto- y ella se disculpo.

 

-Temo a la verdad-

 

Ese camino los condujo a un profundísimo pozo donde una multitud los observaba. Del pozo salia pasillos y de los pasillos una camino borrado. Rostros, agentes de la ley, familiares inculpando con un dedo. Ella se puso tras de su espalda, el arrimo todos los objeto que pudo para tapar la entrada y

 

-No pasaras -Grito- Siéntate en el sofá-volvió ordenándole-Ahora quería que se quedara. Lo había pensado bien y destruiría con Lisa su soledad y la de ella

 

-Pero tu no eres mi jefe-

 

-No tardaras en aceptar-el refuto-,yo se como son estas cosas.

 

Ella percibió en el una nueva actitud porque la tomaba y le hacia el amor y luego la apartaba cuando ella quería seguir. Pero al verla triste le decía te amo y ella se calmaba esperanzada en un rincón

 

Fue cuando Lisa  descubrió otra botella y volvió a llenar el vaso para estimularse juzgando inútil todo. Acepto que estaba allí por un sueno que cien veces había intentado sin saber como, el reconoció lo mismo mirándose en el cristal del vaso  y se lamento, le pidió perdón, volvía a sudar, ella le soplaba, las paredes se le volvieron borrosas y perdió algo de su respiración mientras sus rodillas se doblaban, implorándole la acariciaba en el suelo, no quería volver a pensar otra cosa que no fuese ella y quedarse en casa, volver a cambiar lo aterraba.

 

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